4115736966_6d5b70a5cd_b.jpg

Alubias o pimientos ‘con apellido’ que dicen tanto de nosotros

El consumo de productos locales facilita la conservación de nuestro patrimonio cultural


El extenso patrimonio cultural que tenemos ha tenido una influencia decisiva en la conformación de la cultura actual, en la identidad colectiva y en nuestra forma de vida. Las alubias de Tolosa, los pimientos de Gernika o el txakoli de Getaria forman parte de lo que fuimos, somos y seremos.

El patrimonio cultural nos permite mirar atrás para observar, entender y reconocer la herencia cultural propia de nuestro pueblo. Y esa lupa en el pasado sirve para comprender algunas conductas del día a día y trasmitir así valores a las generaciones del futuro.

En este punto, se puede observar que la gastronomía y, en concreto, el producto local ocupan un puesto relevante en la conservación y desarrollo del patrimonio cultural de Euskadi. ¿Por qué? Nuestra sociedad destaca por tener un vínculo directo con la tierra. Y los productos locales han sabido generar una identidad propia, como la cultura entorno a las sidrerías.

Además, nuestro patrimonio gastronómico, y más específicamente, nuestro producto local son grandes anfitriones locales. Productos de calidad que han puesto pueblos tan pequeños como Astigarraga en el mapa. ¿Qué turista no ha ido de sidrería cuando ha venido a Donostia de vacaciones? De este modo, el consumo de producto local sirve para enlazar y fomentar relaciones con gente de aquí y con individuos que provienen de otros rincones a los que se les da a probar lo bueno que sale de la tierra de Euskal Herria.

La cultura es diversidad. Los elementos que distinguen a una cultura, así como las experiencias colectivas producen una identificación interna y externa, una identidad que la diferencia de otras sociedades. Por poner un ejemplo, y volviendo a la sidrería, podemos observar que la forma tradicional de cocinar una txuleta (poco hecha) deriva de otras formas de cocción de otros lugares del mundo. Lo que nosotros vemos como algo normal, puede convertirse en algo detestable para alguien que no lo haya probado nunca. La cultura es diversidad, sí. Y por ello, es conveniente que en primer lugar, los habitantes locales defiendan el producto local para que se preserve el producto y, si es posible, se reconozca internacionalmente. Ya que nuestros productos locales son un escaparate de muchos quilates para aquellas personas foráneas que quieran introducirse en una nueva cultura, la nuestra.